RESUMEN

El presente trabajo se enmarca dentro de la asignatura Laboratorio de análisis de casos institucionales de la Diplomatura en Conducción Educativa del ISFD “Joaquín V. González”. El análisis emana de la lectura de la Crónica de una rectora presentada por la profesora de la materia, Rita Torchio.

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Análisis del caso “Crónica de una rectora”

Dentro de la institución educativa suceden una innumerable cantidad de situaciones: interpersonales, intrapersonales, áulicas, recreativas, administrativas, entre muchas otras, atravesadas por diferentes miradas subjetivas de los actores institucionales. Una de ellas es la siguiente:

La escuela en la que trabajo está situada en un barrio céntrico de la ciudad. Durante la semana hay mucho movimiento de oficinas y negocios, pero en los fines de semana y los feriados más de la mitad del barrio se desocupa por el cierre de los negocios, oficinas y bares. Queda el movimiento que, sobre la avenida, promueve un gran shopping, el hotel cinco estrellas y un circuito turístico en lenta formación. El resto del barrio es muy antiguo, con gran cantidad de casas viejas, pocos cuidadas, que han sido tomadas o se han convertido en viviendas colectivas (“hoteles”). Hay edificios que han sobrevivido al impulso inmobiliario de los años cincuenta y cuyos departamentos se vendieron en general para uso comercial o profesional.

El barrio está habitado por gente humilde, en su mayoría inmigrantes que han venido al país en busca de una mejor subsistencia. Ellos sufren la crisis actual en forma muy cruda y quedaron ubicados en la parte más afectada de la escala social por la falta de trabajo, la pobreza y la exclusión.

A los problemas económicos que padecen los estudiantes que concurren a nuestra escuela, se agregan otros relacionados  con las transformaciones culturales: los cambios en la familia, la crisis de autoridad, la ruptura del diálogo entre generaciones, el cuestionamiento de los valores hasta ahora en vigencia, la pérdida de los sentidos, el excesivo individualismo.

Estos jóvenes no se encuentran muy interesados por el aprendizaje y con frecuencia descreen de la importancia que puede tener la escuela media para su formación y su futuro.

Sin embargo, se entusiasman cuando algunos docentes les presentan propuestas de enseñanza conectadas con situaciones y problemas de la realidad actual promueven estrategias que favorecen la autonomía y la socialización del aprendizaje.

Los profesores se esfuerzan permanentemente para dar respuestas a situaciones tan complejas. Ellos también están pasando por una situación laboral y familiar difícil y se preguntan por el sentido que debe tener la escuela media. Les preocupa tener en claro cuáles son las capacidades que se deben desarrollar  en los alumnos para que puedan desenvolverse en el mundo actual como personas, como trabajadores, como ciudadanos, como integrantes de una familia…

También se cuestionan el papel que el Estado, como responsable de la política educativa, deben desarrollar en pro de los cambios necesarios. Sin embargo, más allá de las inquietudes y de algunos proyectos exitosos, al recorrer las aulas y patios de la escuela, veo aún muchas discrepancias entre la cultura escolar y la cultura de los jóvenes y siento que estos últimos no se sienten comprometidos.

Con la vicerrectora nos preguntamos frecuentemente por qué los alumnos/as se interesan por cuestiones por fuera de la escuela y a nosotros nos resulta tan difícil hacer que se conecten con lo que se enseña. Nos preocupa el rendimiento de los estudiantes y la supervisión de las clases. Pensamos que algunos problemas, que tienen que ver con lo organizativo, con lo laboral y con lo curricular, contribuyen a que los contenidos se den fragmentados y desconectados de la realidad en que viven los alumnos.

Como rectora pienso plantear estos temas en las jornadas de reflexión y organizar grupos para profundizarlos y generar algunas propuestas pertinentes. Sé que es difícil encontrar tiempos de trabajo conjunto, pero será cuestión de empezar a planear encuentros al menos entre los que tienen coincidencias horarias, garantizar su continuidad y orientarlos en los proyectos que surjan. Creo poder acercarles alguna bibliografía, algo de mi experiencia y la que estoy recibiendo de los compañeros que comparten conmigo este postítulo.

Cuando asumí el cargo, me costó entender la dinámica de la escuela, porque si bien yo pertenecía a ella desde hacía algunos años, no visualizaba a la institución en su totalidad. Tampoco conocía en profundidad la multiplicidad de factores que inciden en el funcionamiento institucional.

Empecé a enfrentarme con conflictos de poder, de autoridad, de falta de pertenencia, de grupos de tensión, pero también pude encontrarme con docentes con gran sentido de participación, colaboración y compromiso con la tarea y con los alumnos y con ganas de trabajar en equipo.

No me queda duda que hoy más que nunca, para dar respuesta al cambio y a tanta complejidad, el docente debe preocuparse por su formación continua. Como rectores es importante poder generar esos espacios al interior de las instituciones respondiendo a las necesidades de la comunidad educativa.

La lectura de esta situación, nos lleva a reflexionar acerca de que al comienzo de nuestro recorrido como directivos de una institución educativa, se debe considerar explorar la misma desde distintas perspectivas. Entre ellas, la primordial es ampliar la mirada áulica a una institucional. La rectora de la crónica enuncia que se encontró con esta dificultad al cambiar su rol de profesora a rectora de la escuela. Esta mirada debe tener ciertos puntos de partida en cada situación con la que nos enfrentemos. Dichos puntos implican ver la institución desde lo particular a lo general y viceversa, cuestionar los términos utilizados por quienes plantean situaciones escolares ya que ellos determinan ideologías de fondo cuando se plantean situaciones de forma y deducir e inducir situaciones alternativas a cada una de ellas.

Consideramos que no hay mirada que no sea subjetiva ni aislada de un contexto y que como rectores no debemos perder de vista este detalle ya que ello determinará el análisis, la evaluación y las líneas de acción que se desarrollarán en cada situación escolar.

Esta mirada viene acompañada por el cuestionamiento de variables que no son enunciadas. Es decir, preguntar y repreguntar debería ser la actividad constante antes de tomar decisiones que afecten el ámbito escolar que gestionamos. Para analizar la crónica hemos tenido en cuenta ciertas preguntas como: ¿cuál es la ubicación de la escuela? ¿En qué contexto económico surge la problemática planteada? ¿Cuál es el contexto sociocultural? ¿Cuál es el interés de los alumnos en la escuela? ¿Qué relación tiene con su entorno? ¿Qué propuestas pedagógicas plantean los profesores para conectar la realidad con los contenidos áulicos? Desde el equipo directivo, ¿se supervisan las clases? ¿Qué registro se obtuvo de las mismas? ¿Cómo miden el rendimiento escolar? ¿Cómo afectan los problemas organizativos en cuanto a lo laboral y curricular? ¿Cómo se piensan las jornadas de reflexión? ¿Cómo se contribuye desde la institución a la capacitación y formación docente? Sin embargo, al ampliar la mirada, nos hemos cuestionado otros temas, como por ejemplo, ¿cuál es el perfil del alumno que desea la escuela secundaria?  ¿Cuál es el perfil del egresado de la institución? ¿Intervino e DOE en alguna instancia? ¿Cómo se presenta el Centro de Estudiantes en la problemática escolar? ¿Qué lugar ocupan los preceptores frente a la contención de los alumnos en la escuela? ¿Cómo intervienen los tutores en la trayectoria y formación de los alumnos? ¿Cuáles son los proyectos exitosos que se mencionan en la crónica? ¿Son propuestas escolares o institucionalizados por el Estado? ¿Son proyectos sociales o pedagógicos? ¿Acompañan realmente la trayectoria escolar de los alumnos involucrados? ¿Hay una política educativa real? ¿Cuáles son las discrepancias entre la cultura escolar y la cultura de los jóvenes? ¿Cómo afecta el ausentismo escolar de los alumnos? ¿Hay alguna propuesta que contenga y acompañe a los alumnos en la inclusión escolar? ¿Cuál es la situación laboral de los docentes? ¿Pueden crear y sostener un sentido de pertenencia con la institución? ¿Cómo construyen el sentido de pertenencia entre docentes, alumnos, personal administrativo y equipo directivo? Entre otras tantas que podemos pensar.

El contexto sociocultural y económico determina la realidad escolar. No somos seres aislados de una comunidad. El acceso a internet y el desarrollo de las tecnologías en general nos acerca a un mundo globalizado que ha desdibujado el objetivo de la institución escolar. Pareciera que hoy en día la escuela demanda tantas cosas de los alumnos, docentes y equipos directivos, demandas que abarcan lo social que se nos es imposible separar el contexto socioeconómico y cultural en el que están inmersos los alumnos que atraviesan la escuela secundaria actualmente. Así, los alumnos presentados en la crónica son alumnos que pueden estar  presentes en diferentes lugares ya que están siendo atravesados por los problemas económicos y las transformaciones culturales que contextualizan la práctica pedagógica actual.

La rectora de la crónica comparte el interrogante planteado por Frigerio, Poggi y Tiramonti en cuanto a “qué saberes son los adecuados y necesarios para conducir una institución educativa”[1] ya que menciona que si bien pertenecía a la institución escolar no llegaba a visualizar la institución en su totalidad ante la diversidad de factores que inciden en el funcionamiento escolar.

A su vez, nosotros como docentes estamos inmersos en una institución escolar que no deja de pertenecer a una construcción social donde rige un contrato social e histórico que demanda de la escuela distintos tipos de saberes. (Frigerio, Poggi, 1992)[2] Los alumnos de esta escuela manifiestan el interés relacionado con los hechos sociales actuales pero poco con los  relacionados a los saberes planteados por las asignaturas. Concentraremos nuestro análisis en la dimensión pedagógico-didáctica que se plantea en la Crónica de una rectora proponiendo una línea de acción frente a este desinterés de parte de los alumnos y docentes.

Una primera línea de acción es repensar el perfil del alumno que tienen los docentes en relación con los mismos y si coincide con el planteado en el Proyecto Educativo Institucional para ello todos los docentes deben tener acceso al mismo. Coincidir en el sentido que tiene la escuela media para los alumnos, en tanto nexos entre lo social y lo educativo, es necesario para plantear una propuesta a largo plazo siendo capaz de ser revisada y actualizada. En conjunto, se debe indagar sobre la importancia que tiene la escuela media para los mismos alumnos. Esto servirá como base para establecer un nexo entre lo que los alumnos creen que es importante de la escuela y lo que consideran los mismos docentes para poder revisarlo y  enmarcarlo dentro del Proyecto Educativo Institucional, el Proyecto Curricular Institucional, los programas escolares y el Diseño curricular.

Luego, el equipo directivo debería realizar una propuesta donde se trabaje en conjunto con la asesoría pedagógica, los profesores y los alumnos. La asesoría pedagógica realizaría observaciones áulicas donde se tome nota de las actividades desarrolladas en las mismas ya que dicha información servirá de base para realizar una propuesta superadora al desinterés de los alumnos en las asignaturas escolares.

Una vez realizado la recolección de datos, en una reunión escolar, preferentemente durante las jornadas institucionales o los talleres de educadores, se pondría de manifiesto los resultados de dichas observaciones enfatizando que dichos datos sirven para redireccionar las prácticas pedagógicas y no como señalamiento de tal o cual quehacer áulico de algún o algunos docentes en especial. No se trata de criticar o enjuiciar la práctica pedagógica particular sino de realizar un verdadero desarrollo constructivo de la práctica pedagógica significativa docente para el aprendizaje de los saberes por parte de los alumnos y de cómo ciertas metodologías de algún docente en particular puede ser útil y pertinente en otra asignatura.

La reflexión que tenemos que tener presente es que los establecimientos escolares se justifican en su especificidad, es decir, en brindar, a quienes concurren a ellos, los saberes que no podrían adquirir fuera de la institución. Es decir, no debemos perder de vista que los saberes que consideremos significativos para los alumnos deben coincidir con los conocimientos previos y los saberes extraescolares pero entendiendo que la institución educativa debe fortalecer y direccionar dichos conocimientos hacia saberes específicos que ofrece la institución escolar.

Una vez realizada la puesta en común de los datos recolectados, se debe reevaluar las planificaciones de los docentes y si realmente coinciden con sus prácticas. Es necesario que cada docente se reevalúe en función de poder generar cambios en las prácticas pedagógicas que realizan en la institución. De nada sirve promover estrategias que favorecen la autonomía y socialización del aprendizaje en los alumnos si los docentes no somos capaces de replicar eso mismo como educadores en una institución escolar.

Aquí es donde se plantea la incertidumbre de los resultados ya que cada institución escolar tiene docentes particulares que darán diferentes propuestas a seguir. En este lugar, se vuelve importante el rol de la conducción de consensuar las propuestas y metodologías a seguir manteniendo la coincidencia con la función que se desarrolló en una primera instancia acerca de cuál es la función de la escuela media.

Esta sólo es una propuesta de acción frente a una situación que se puede encontrar en más de una institución escolar, al igual que la rectora de la crónica, coincidimos en pensar que el docente debe preocuparse por su formación continua extendiendo esto a cualquier docente que esté o piense estar en ejercicio de la conducción educativa y sin dejar de tener presente como dice John Cotton Dana que quien se atreve a enseñar, nunca debe dejar de aprender ya sea dentro del aula como profesores o dentro de la escuela como equipo de conducción.

Bibliografía:

  • Torchio, R.  y otros. (2010) “La generación de condiciones institucionales para la enseñanza”, Ministerio de Educación de la Nación, Dirección de Educación Primaria. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pág. 65 a 70. Proyecto curricular y sujeto educativo.
  • Frigerio, G. Poggi, M. y otros. Las instituciones educativas. Cara y ceca. Elementos para su gestión. Elementos para su comprensión. Buenos Aires. Troquel. 1992.

 

 

[1] Frigerio, G., Poggi, M. y Tiramonti, G. Cara y ceca. Elementos para su comprensión. Pág. 15

[2] Véase sobre el contrato social escolar: Frigerio, G., Poggi, M. y Tiramonti, G. Cara y ceca. Elementos para su comprensión. Pág. 18 a 20.

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